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Carlos Paz festejó los 68 años del Reloj Cucú entre música y memoria
Desde las 16, la explanada del Centro Viejo se llenó de vecinos, turistas y familias que se acercaron al ícono serrano para ser parte de la jornada. Música en vivo, talleres artísticos y animación infantil marcaron el ritmo de una tarde pensada para todas las edades.
El chocolate caliente no faltó y se repartió entre los presentes, sumando el calor justo para una fecha patria y fría.
Del festejo participaron integrantes del Centro Vecinal Cu-Cú, artistas locales y veteranos de Malvinas, que colaboraron con la organización. Desde el municipio y el vecindario destacaron el trabajo conjunto para mantener vivo uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad.
Inaugurado el 25 de mayo de 1958, el reloj fue obra de ingenieros y artesanos alemanes radicados en la zona, encabezados por Carl Hans Plock. Con 7,5 metros de altura, fue considerado en su momento uno de los relojes cucú más grandes del mundo.
Su mecanismo artesanal, con pesa de 120 kilos y pájaro tallado a mano, sigue funcionando y atrayendo miradas cada hora en punto.
El pájaro asoma cada hora exacta y cada media hora, despertando el clásico “cucú” que hace detener a turistas con el celular en alto.
Esa postal se repitió una vez más, con fotos y videos que ya circulan por redes como parte del ritual carlospacense.
Para los vecinos, el aniversario es más que una fecha: es un recordatorio de identidad y de lo que se logra cuando la comunidad se junta.
“El CuCú nos representa local, nacional e internacionalmente”, señaló María Fernanda Martínez Franco, vecina del barrio.
El monumento nació como un gesto de gratitud de inmigrantes europeos hacia la ciudad que los recibió después de la Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, es punto de encuentro, referencia para juntarse y parada obligada en el paseo por el centro viejo. La celebración de este año reafirmó ese vínculo afectivo entre el reloj y varias generaciones de carlospacenses.
Entre relatos históricos, aplausos y música, el Cucú volvió a marcar la hora justa de una ciudad que lo siente propio.
