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El Niño en Córdoba: más lluvias y el desafío de prepararse para las inundaciones

La llegada de un nuevo episodio de El Niño genera interrogantes sobre su impacto en Córdoba y, particularmente, sobre el comportamiento de las lluvias durante los próximos meses. El ingeniero Marcelo García explicó que el fenómeno ya se encuentra en desarrollo y remarcó que sus efectos deben analizarse en conjunto con las condiciones meteorológicas propias de la provincia.

García puso el foco, en primer lugar, en una diferencia que suele generar confusiones: clima y tiempo meteorológico no son lo mismo.

“El Niño es un fenómeno climático. Cuando hablamos de climático hablamos de largo plazo. Se están generando condiciones para un Niño desde hace dos o tres meses”, explicó.

El fenómeno se origina a partir del acoplamiento de procesos atmosféricos y oceánicos en el Pacífico, capaces de modificar los patrones de circulación a escala regional y global. Aunque Córdoba no recibe directamente el agua precipitable del Pacífico, las modificaciones que se producen allí pueden alterar las condiciones que permiten el ingreso de humedad proveniente del Atlántico.

Según detalló el especialista, buena parte del agua precipitable que genera las lluvias en Córdoba proviene del Atlántico y de las regiones del norte del continente cercanas a Brasil. El fenómeno de El Niño puede favorecer que esas masas de aire cargadas de humedad lleguen con mayor frecuencia y contenido de agua.

Un período más lluvioso hasta abril o mayo

La principal consecuencia esperada para la provincia es un período con mayor disponibilidad de humedad y, por lo tanto, una tendencia a acumular más precipitaciones durante los próximos meses.

García utilizó una comparación para explicar la diferencia entre clima y meteorología: mientras el clima representa la “personalidad” de una persona, el tiempo meteorológico sería su estado de ánimo.

“Estamos esperando que una persona esté más lluviosa de acá a marzo o abril del año que viene. Eso es lo que esperamos como clima. Ahora, el tiempo meteorológico es el estado de humor de una persona”, explicó.

La diferencia es importante porque un período climático más lluvioso no significa que vaya a llover de manera permanente. En Córdoba, las lluvias pueden presentarse a través de tormentas convectivas, algunas de ellas de gran intensidad.

Por eso, el especialista advirtió que el mayor riesgo surge de la combinación de ambos factores: un período prolongado con mayor humedad y eventos meteorológicos extremos.

El escenario que genera mayor preocupación

Córdoba tiene antecedentes de inundaciones y tormentas severas asociadas a grandes acumulados de lluvia. García recordó episodios ocurridos en Río Ceballos, San Carlos Minas, Mina Clavero y también el importante aumento del nivel del lago San Roque registrado en 1999.

En este contexto, el escenario más complejo podría producirse hacia el final del período lluvioso.

“El peor escenario es que al final del período de lluvia tengamos un período muy lluvioso, nuestros lagos con mayor nivel de agua y nuestros suelos húmedos, y que tengamos un evento meteorológico extremo cuando ya no tenemos lugar donde infiltrarnos”, explicó.

El impacto podría ser particularmente importante en el este provincial, donde las condiciones de humedad se vinculan con la cuenca del Plata. Allí, los períodos prolongados de lluvia pueden generar aumentos sostenidos de los niveles de agua y afectar grandes cuencas.

Pero el riesgo no termina cuando finaliza El Niño. García puso especial énfasis en lo que denominó el “post Niño”, período durante el cual podrían permanecer niveles elevados de las napas y condiciones favorables para nuevos problemas de inundación.

“Después del Niño nos van a quedar las napas muy altas. Entonces, no solo nos tenemos que preocupar por el Niño ahora, sino por el post Niño”, advirtió.

Diques, alertas y preparación

Ante este escenario, el especialista destacó que Córdoba cuenta actualmente con herramientas que permiten afrontar mejor una eventual emergencia que en décadas anteriores.

Entre ellas mencionó los radares meteorológicos, sistemas de monitoreo y el proyecto Prevenir, desarrollado con cooperación de Japón, que incorporará nuevas herramientas para mejorar los pronósticos.

También destacó el trabajo que realizan los consorcios canaleros y camineros con la limpieza de alcantarillas y desagües y la finalización de obras destinadas a mejorar la respuesta frente a excesos hídricos.

Sin embargo, García remarcó que la infraestructura por sí sola no alcanza.

“Las mejores herramientas del mundo, si no se transfieren a la comunidad, no sirven”, sostuvo.

En esa línea, anunció que el 8 de septiembre se realizará un simulacro de inundación en un sector de Villa Páez, en la ciudad de Córdoba. La prueba piloto involucrará a organismos de emergencia y a los vecinos y tendrá como objetivo practicar un plan barrial.

La experiencia busca evitar uno de los principales problemas detectados en situaciones de emergencia: tener protocolos elaborados que nunca fueron puestos en práctica junto a la población.

El dato que preocupa: 85% no tiene un plan familiar

Uno de los datos mencionados por García durante la entrevista resulta especialmente significativo: alrededor del 85% de los cordobeses consultados aseguró no contar con un plan familiar frente a una eventual inundación.

El especialista planteó la necesidad de cambiar esa realidad y comenzar por cada hogar.

“¿Quiénes reaccionan primero? En los primeros instantes la familia, después los vecinos, después el barrio y recién después llega la ayuda municipal y provincial”, explicó.

Por eso, recomendó que cada familia tenga definido qué hacer ante el ingreso de agua a una vivienda, cómo interrumpir el suministro eléctrico, dónde trasladar a los adultos mayores y a los niños y dónde guardar documentación y medicamentos esenciales.

La preparación, sostuvo, debe comenzar antes de que ocurra la emergencia y extenderse al barrio y a la comunidad.

La consigna que resume el planteo es sencilla: “Preparándonos para lo peor, esperando lo mejor”.

Para García, la posibilidad de atravesar un período con mayores precipitaciones obliga a mirar más allá del fenómeno climático en sí mismo. El desafío estará en anticiparse a sus posibles consecuencias, mejorar los sistemas de alerta y, sobre todo, lograr que las familias sepan cómo actuar cuando una tormenta severa finalmente llegue.

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