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Uno de cada cuatro argentinos fue víctima de un ciberdelito
Uno de cada cuatro argentinos fue víctima de algún ciberdelito. El dato surge de un relevamiento realizado por el Instituto de Seguridad y Criminología de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, que encuestó a 1.050 personas de entre 18 y 65 años en siete ciudades del país.
El estudio de victimización no se concentró únicamente en los delitos denunciados ante la Justicia o los organismos oficiales. También buscó registrar aquellos episodios que no llegan a formalizarse, una dimensión que, según explicó Nicolás Macchione, director del Instituto de Seguridad y Criminología, al programa "A la mañana noticias" por Canal 2 de CPTV, resulta central para comprender la magnitud del fenómeno.
El 24,9% de los encuestados afirmó haber sufrido un ciberdelito, mientras que el 56,7% aseguró conocer a alguien cercano que también fue víctima. Es decir, la problemática no queda limitada a quienes padecieron directamente una estafa, sino que alcanza también a sus entornos.
Fraude digital y suplantación de identidad, al frente
Entre las modalidades relevadas, el fraude digital ocupa el primer lugar y concentra el 41% de los casos. Le sigue la suplantación de identidad, con el 29%, mientras que el robo de información representa el 14,5%.
El acoso o la extorsión virtual, en tanto, alcanza el 4,8% de los episodios relevados.
Las redes sociales aparecen como una de las principales puertas de entrada para los ciberdelincuentes: el 52,3% de los contactos iniciales se produjo por esa vía. Las llamadas telefónicas quedaron en segundo lugar, con el 28,4%.
El relevamiento también detectó que las redes sociales concentran el 56,2% de las estafas, el 54,8% de los casos de robo de información financiera y el 50,7% de las situaciones de suplantación de identidad.
Macchione explicó que el delito también está mutando en sus canales de contacto. El correo electrónico dejó de ser el único espacio utilizado y WhatsApp y otras plataformas de mensajería adquirieron un papel cada vez más importante.
Los datos que buscan los delincuentes
Las claves de acceso bancarias son la información solicitada con mayor frecuencia: aparecen en el 32,2% de los casos. El DNI ocupa el segundo lugar, con el 30%.
El riesgo adquiere otra dimensión al observar que casi la mitad de los encuestados, el 49%, recibió alguna vez un pedido de información personal a través de canales digitales. De ese grupo, el 24,6% entregó todos los datos solicitados y otro 19,2% proporcionó una parte.
La encuesta muestra, sin embargo, que la desconfianza hacia este tipo de contactos está extendida. El 58,5% aseguró desconfiar de remitentes desconocidos y el 75,3% afirmó adoptar alguna medida de prevención frente a posibles amenazas digitales.
El problema es que la prevención no siempre alcanza para evitar el contacto con los delincuentes ni impide que las víctimas entreguen información sensible.
Por qué los adultos de 30 a 49 años son los más afectados
Uno de los resultados que más llamó la atención de los investigadores está relacionado con la edad de las víctimas.
El grupo de entre 30 y 49 años concentra el 36% de los casos, seguido por las personas de 50 a 64 años, con el 33%. Entre quienes tienen entre 18 y 29 años, la incidencia llega al 21%, mientras que entre los mayores de 65 años alcanza el 10%.
El dato contradice una percepción habitual: que los adultos mayores serían necesariamente los más vulnerables frente a las estafas digitales.
Macchione señaló que una posible explicación está relacionada con el nivel de conexión y la capacidad económica. Las personas adultas suelen tener mayor bancarización, más activos y una mayor cantidad de operaciones financieras digitales, por lo que también tienen más oportunidades de quedar expuestas.
El estudio, además, encontró que un mayor nivel educativo no necesariamente funciona como protección. Por el contrario, los investigadores observaron una mayor proporción de víctimas entre personas con mayores niveles de estudio, un resultado que, según Macchione, obliga a revisar algunas de las ideas tradicionales de la criminología.
Córdoba y una advertencia sobre las ciudades
El relevamiento incluyó a Córdoba entre las ciudades analizadas y mostró que la incidencia del ciberdelito no depende exclusivamente del tamaño de una población.
Ciudad de Buenos Aires concentró el 33,1% de los casos, mientras que Comodoro Rivadavia registró el porcentaje más bajo, con 4,9%. Córdoba y Rosario también aparecen entre las ciudades relevadas.
Un dato particular surgió en Corrientes, donde se registró un volumen superior de determinados delitos digitales, como estafas, robo de información financiera y acoso o chantaje, en comparación con Córdoba y Rosario, pese a contar con una menor densidad poblacional.
Para los investigadores, esto permite plantear que los hábitos digitales, el nivel de exposición y las características de cada comunidad también pueden influir en la posibilidad de convertirse en víctima.
La suplantación de identidad también afecta a familiares y conocidos
Uno de los riesgos señalados durante el análisis es que el ciberdelito no necesariamente termina con la primera víctima.
Cuando un delincuente consigue datos personales, puede utilizarlos para hacerse pasar por esa persona y contactar a familiares, amigos o compañeros de trabajo. De esta manera, una misma maniobra puede generar nuevas víctimas dentro del entorno.
La situación puede comenzar con el robo de información o la toma de control de una cuenta y continuar con mensajes en los que el delincuente solicita dinero a contactos cercanos, aprovechando la identidad de la persona afectada.
Macchione describió este fenómeno como una forma de victimización que puede extenderse al entorno de quien sufrió el primer ataque.
El 55% de los casos llegó a concretarse
La encuesta también distinguió entre los intentos y los delitos que efectivamente se concretaron. El 55% de los episodios relevados terminó consumándose, mientras que el 45% quedó en grado de tentativa.
Entre los casos concretados, las personas de 30 a 49 años representan el 37%, seguidas por quienes tienen entre 50 y 64 años, con el 34%.
La experiencia también modifica las conductas posteriores. El 90% de quienes fueron víctimas más de una vez incorporó medidas de seguridad digital. Entre quienes atravesaron un solo episodio, el porcentaje llega al 86,6%.
Incluso entre quienes nunca fueron víctimas existe una mayoría que toma alguna precaución: el 71,2% afirmó adoptar medidas preventivas.
El desafío, según surge de la investigación, es que esas conductas de protección aparezcan antes de que ocurra el primer ciberdelito y no como consecuencia de haber sufrido una estafa, un robo de información o una suplantación de identidad.
Para Macchione, contar con este tipo de evidencia permite pensar políticas de prevención a partir de datos y no solamente de percepciones o de los casos que llegan a los medios o a las denuncias oficiales.