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Inflación, deudas y caída del consumo: duro panorama de los almaceneros

El bolsillo de los cordobeses volvió a sentir el impacto de la inflación. Septiembre cerró con una suba del 2,1%, por encima del 1,82% registrado en agosto, según el relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias del Centro de Almaceneros de Córdoba.

La situación fue analizada por Vanesa Ruiz, gerente comercial de la entidad, durante una entrevista en A la Mañana Noticias, por Canal 2 CPTV, donde advirtió que detrás del índice de inflación existe un escenario mucho más complejo: familias que reducen la cantidad de alimentos que consumen, hogares que acumulan deudas y comercios que enfrentan una fuerte caída de las ventas.

Según explicó Ruiz, el incremento de septiembre estuvo impulsado principalmente por los alimentos, cuya variación rondó el 2%. También registraron aumentos bienes y servicios varios, con 3,3%; salud, con 2,8%; educación, 2,4%; y prendas de vestir y calzado, 2,3%.

El acumulado de inflación durante 2026 llegó, de acuerdo con el informe mencionado durante la entrevista, al 24%.

Una canasta básica cada vez más difícil de afrontar

Ruiz señaló que una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $2.765.065 para no caer por debajo de la línea de pobreza, mientras que para cubrir exclusivamente los alimentos y evitar la indigencia necesitó $1.130.236.

Pero el problema, advirtió, no está solamente en el valor de las canastas sino en la distancia cada vez mayor entre esos montos y los ingresos de las familias.

“Hay que mirar el análisis completo”, planteó Ruiz, al advertir que el dato de inflación no puede analizarse de manera aislada frente a la situación de los hogares.

En ese sentido, uno de los datos más preocupantes del relevamiento está relacionado con la seguridad alimentaria. Según el estudio, solamente el 42,4% de las familias tuvo acceso pleno a la canasta básica alimentaria.

La consecuencia más dramática aparece en la mesa familiar. El 39,1% de los adultos redujo voluntariamente la cantidad de comida para que alcanzara para otros integrantes del hogar, mientras que el 28,6% de los hogares con niños, niñas o adolescentes redujo la cantidad de alimentos por falta de dinero.

Para Ruiz, además de la cantidad de comida, existe otro problema menos visible: la calidad nutricional de la alimentación que pueden sostener las familias.

Tarjetas de crédito para comprar comida

La pérdida de poder adquisitivo también se refleja en el uso del crédito.

Según los datos aportados por Ruiz, el 62,5% del uso de las tarjetas de crédito está destinado principalmente a la compra de alimentos.

El problema aparece cuando esa compra tampoco puede ser cancelada en tiempo y forma. Allí comienza un proceso de refinanciación que incrementa la deuda a través de intereses, punitorios y otros costos.

La situación se vincula con otro dato contundente: el 92,3% de los hogares presenta deudas, de acuerdo con el relevamiento mencionado durante la entrevista.

Ruiz explicó además que el estudio presentado recientemente en el Congreso busca aportar información para discutir herramientas que permitan a las familias salir de ese círculo de endeudamiento, especialmente frente a los elevados costos de refinanciación.

La “sábana corta” de las familias

El endeudamiento también aparece en las obligaciones cotidianas. Alquiler, expensas, servicios, alimentos y cuotas se convierten en gastos que muchas familias ya no pueden afrontar simultáneamente.

El 28,4% de los hogares tiene más de tres obligaciones en mora, según los datos difundidos por el Centro de Almaceneros.

La consecuencia es una lógica de prioridades: se paga una obligación y se posterga otra. De esa manera, las deudas comienzan a acumularse y el margen de maniobra de los hogares se reduce cada vez más.

La situación se vuelve todavía más compleja porque, según Ruiz, el 44% de las familias destina más de la mitad de sus ingresos al pago de deudas.

Casi nueve de cada diez deudas están incumplidas

La dirigente aportó además datos sobre el estado de las deudas.

De acuerdo con el relevamiento citado durante la entrevista, el 88,9% de las deudas están impagas o incumplidas. A su vez, el 41,3% se encuentra en instancia judicial y el 17,2% ya registra embargos.

Ruiz explicó que una parte de ese endeudamiento puede observarse a través de los registros del sistema financiero, principalmente tarjetas de crédito y préstamos bancarios o de financieras.

Pero existe otra porción que queda fuera de esas estadísticas y que también representa una carga para las familias: alquileres, servicios, cuotas escolares, prepagas y hasta el tradicional “fiado” en los comercios.

Ese endeudamiento cotidiano, señaló, también forma parte de la realidad de los hogares aunque no necesariamente aparezca reflejado en los registros financieros oficiales.

Caen las ventas y crece el riesgo comercial

El deterioro del consumo también impacta directamente en los comercios minoristas.

Según el relevamiento presentado por el Centro de Almaceneros, las ventas registraron una caída del 8,3% en septiembre respecto del mismo mes del año anterior.

El dato adquiere mayor relevancia porque la comparación se realiza contra septiembre de 2025, que ya había sido considerado un período de estancamiento económico.

Para Ruiz, la caída refleja la pérdida de capacidad de compra de las familias y se traslada directamente al comercio.

El panorama se completa con otro indicador: el 34,7% de los comercios se encuentra en riesgo de cerrar sus puertas durante los próximos 12 meses, según el índice de viabilidad comercial incorporado al relevamiento.

La combinación de menor consumo, endeudamiento familiar y caída de las ventas configura así un escenario de fuerte presión sobre el comercio minorista.

Un círculo difícil de romper

La fotografía que dejó la entrevista es la de una economía familiar que funciona cada vez más al límite.

Cuando los ingresos no alcanzan, las familias recurren a las tarjetas para comprar alimentos. Si luego no pueden cancelar esas compras, aparecen los pagos mínimos, la refinanciación y los intereses. Al mismo tiempo, se acumulan otras obligaciones como alquileres, servicios o cuotas.

El resultado es un círculo de deuda que, según Ruiz, se vuelve cada vez más difícil de cortar.

Mientras tanto, los comercios enfrentan el otro lado de la misma problemática: consumidores con menor capacidad de compra y ventas que continúan retrocediendo.

Para el Centro de Almaceneros, los números de septiembre no solamente muestran cuánto aumentaron los precios. También exponen cuánto se está modificando la manera en que las familias comen, compran, se endeudan y llegan a fin de mes.

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