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El lago San Roque está al 75% de su capacidad y advierten que hay que prepararse para más tormenta

Las lluvias de los últimos días todavía no generaron una recuperación significativa en el nivel del lago San Roque, aunque el río San Antonio registró una leve suba. En ese contexto, el investigador Marcelo García, integrante del comité de expertos sobre El Niño del Gobierno de Córdoba, explicó que el embalse se encuentra al 75% de su capacidad y advirtió que el escenario climático obliga a reforzar la preparación ante posibles tormentas.

En una entrevista con A la Mañana Noticias, por Canal 2 de CPTV, García señaló que el lago se encuentra a 33 metros, mientras que el nivel del vertedero está en 35,30 metros. De esta manera, existe una diferencia de 2,30 metros respecto de esa referencia.

“Estamos pasados de lluvia, de humedad, estamos medios verdes ya, pero no vemos que tenga ni un poquitito más de agua el río ni el lago”, describió al comienzo de la charla.

El especialista aclaró que el río San Antonio tuvo una recuperación paulatina, producto de las precipitaciones continuas, pero sin una crecida repentina que aporte un volumen significativo de agua al embalse.

Pese a esta situación, consideró que, en principio, no habría dificultades para completar el llenado del lago durante este año. Explicó que, en un año normal, ingresa al embalse un volumen de agua superior a su capacidad, aunque remarcó que también es necesario permitir que el recurso continúe su recorrido aguas abajo para sostener los ecosistemas y las localidades vinculadas a la cuenca.

El Niño y las lluvias persistentes

García explicó que las precipitaciones de varios días consecutivos responden a las condiciones atmosféricas que se esperan durante el fenómeno de El Niño, caracterizado, en este escenario, por una mayor cantidad de vapor de agua en la atmósfera y más agua disponible para precipitar.

El investigador diferenció el tiempo meteorológico, relacionado con fenómenos puntuales como una tormenta, del clima, que involucra procesos de mayor duración.

En ese sentido, aclaró que El Niño no implica necesariamente que se produzcan eventos extremos en todos los lugares, sino que aumenta las condiciones favorables para las lluvias persistentes y para acumulados de precipitación más elevados.

“Lo que esperábamos del Niño eran estos días consecutivos de lluvia y acumulados de lluvia más grandes al final del período”, explicó.

También advirtió que, al tratarse de un fenómeno de características excepcionales dentro de los registros disponibles, los investigadores enfrentan el desafío de estudiar un escenario sobre el que todavía existe una experiencia histórica limitada.

Por ese motivo, destacó la importancia de mantener activos los sistemas de monitoreo, registro y alerta, además de seguir los pronósticos oficiales.

Alertas meteorológicas: por qué pueden variar de una zona a otra

Durante la entrevista, García también se refirió a las dudas que suelen surgir cuando se emite una alerta meteorológica para una región y el fenómeno más intenso termina ocurriendo en otra localidad cercana.

El especialista explicó que los pronósticos se construyen a partir de modelos que analizan el comportamiento de la atmósfera en áreas extensas. Por eso, no siempre es posible anticipar con exactitud el punto en el que se producirá una granizada o una tormenta más intensa.

Como ejemplo, mencionó las situaciones en las que se emiten alertas para Carlos Paz, pero el granizo termina afectando a sectores de las Altas Cumbres.

En ese marco, sostuvo que la emisión de una alerta no significa que el fenómeno vaya a impactar de la misma manera en todos los puntos de la región, sino que existen condiciones para que ocurra en algún sector del área bajo advertencia.

La recomendación fue mantenerse atentos a los pronósticos y respetar las alertas, sin descartar los riesgos porque un evento no haya afectado directamente a una localidad.

El desafío de preparar a los municipios y a los vecinos

García confirmó que forma parte del comité de expertos sobre El Niño del Gobierno de Córdoba, integrado por investigadores que trabajan en el análisis del fenómeno y en la generación de información para la toma de decisiones.

Si bien aclaró que no está trabajando directamente como asesor de la Municipalidad de Villa Carlos Paz, señaló que la información producida a nivel provincial llega indirectamente a los gobiernos locales.

En relación con los simulacros de inundaciones realizados en la ciudad de Córdoba, explicó que estas actividades requieren años de planificación y un trabajo sostenido con instituciones educativas y comunidades.

“No es una llave que uno va y prende y apaga”, graficó al explicar que los ejercicios de preparación necesitan involucrar a la población y no pueden improvisarse de un momento para otro.

El investigador insistió en que la respuesta ante una emergencia comienza en los hogares y los barrios. Ante una inundación, un incendio forestal o un terremoto, los primeros en actuar suelen ser los integrantes de cada familia y los vecinos cercanos, antes de que lleguen los equipos de respuesta municipales, provinciales o nacionales.

Por eso, consideró fundamental que cada hogar tenga un plan de emergencia que contemple qué hacer, por dónde evacuar, cómo asistir a las personas mayores o con discapacidad y quién se ocupará de las mascotas.

También recomendó prever dónde guardar documentos importantes, medicamentos y otros elementos necesarios para una eventual evacuación.

Planes vecinales: la preparación desde el territorio

Para García, uno de los principales desafíos no pasa solamente por contar con tecnología avanzada o pronósticos precisos, sino por lograr que esa información llegue efectivamente a la población.

En esa línea, propuso que cada centro vecinal desarrolle su propio plan de emergencia, construido a partir del conocimiento que los habitantes tienen de su barrio.

“Tenemos que cambiar el paradigma de trabajar de arriba para abajo, sino trabajar desde cada vecino, cada vecina”, sostuvo.

El investigador explicó que son los propios residentes quienes mejor conocen las características de su entorno, las calles que pueden complicarse durante una inundación y las necesidades particulares de quienes viven en la zona.

Por eso, planteó que los planes deben construirse desde los barrios hacia los niveles superiores del Estado, con acompañamiento de los organismos municipales, provinciales y nacionales.

“Tenemos que hacer ciencia y tecnología desde el territorio y con el territorio”, resumió.

En un escenario en el que se esperan períodos de lluvias persistentes y mayores acumulados de precipitación, el especialista consideró que la preparación comunitaria será determinante para reducir riesgos y mejorar la respuesta ante eventuales emergencias.

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