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El lago San Roque está 1,7 metros por debajo del vertedero y advierten por el consumo de agua

El nivel del embalse se encuentra por encima de los valores normales para esta época, pero todavía no comenzó el período de lluvias. Marcelo García pidió prestar atención también al estado de los ríos y reclamó una política de uso responsable del agua.

El lago San Roque se encuentra actualmente en 33,6 metros, apenas 1,7 metros por debajo del nivel del vertedero, una situación que, si bien muestra un embalse por encima de los valores normales, también genera preocupación de cara al próximo período de lluvias.

Así lo explicó el ingeniero Marcelo García, quien advirtió que actualmente queda disponible apenas una cuarta parte de la capacidad del lago para recibir crecidas, cuando todavía no comenzó el período de precipitaciones más importantes.

Pero el especialista puso el foco en un aspecto que considera fundamental: no mirar solamente el nivel del embalse, sino también el comportamiento de los ríos, ya que la toma de agua que abastece a Villa Carlos Paz y a otras localidades se encuentra sobre los cursos de agua de la cuenca.

La cuenca “no tiene memoria”

García explicó que la cuenca de la región tiene una rápida respuesta ante los períodos sin lluvias.

“Nuestra cuenca no tiene memoria”, graficó. Según explicó, después de 15 o 30 días sin precipitaciones importantes comienzan a disminuir las vertientes debido a las características del suelo, que no permite almacenar grandes cantidades de agua durante períodos prolongados.

Por eso, sostuvo que se necesitan lluvias periódicas que permitan retroalimentar la cuenca y mantener los niveles de los cursos de agua.

En ese sentido, recordó que se consideran significativas las precipitaciones superiores a los 5 milímetros y destacó que en años anteriores se llegaron a registrar períodos de hasta 180 días sin lluvias de esa magnitud. Este año, en cambio, el intervalo se redujo a la mitad: hubo precipitaciones en junio y nuevamente en septiembre.

El consumo de agua, otra preocupación

Más allá del escenario hídrico, García puso sobre la mesa otro problema: el aumento sostenido del consumo de agua por habitante.

Como ejemplo, comparó la situación de Córdoba con la de otros lugares donde se aplicaron políticas destinadas a reducir el consumo. Según señaló, cuando se construyeron determinados embalses los consumos rondaban los 250 litros por habitante por día. Mientras en otros países se logró reducir esa cifra a menos de 150 litros, en la región pasó de unos 250 litros a 350 y hasta casi 400 litros diarios por persona.

Para García, el desafío no debería resolverse únicamente con nuevas obras de infraestructura.

“Más infraestructura, más consumo. Más infraestructura, más consumo”, planteó, al describir un ciclo que puede repetirse indefinidamente si no se trabaja sobre los hábitos.

El especialista consideró que una reducción del 30% del consumo individual permitiría pasar de unos 400 a aproximadamente 280 litros diarios por habitante.

Y utilizó una comparación contundente: esa reducción equivaldría a “construir un nuevo embalse”, pero sin impacto ambiental, sin una obra millonaria y con resultados que podrían conseguirse inmediatamente.

Una ciudad turística y un consumo que aumenta

La situación adquiere una particular dimensión en Villa Carlos Paz por su condición de ciudad turística, donde la población puede incrementarse considerablemente durante determinados períodos.

García señaló que cuanto mayor es la cantidad de personas que utilizan el recurso, mayor es también el impacto que puede generar una reducción individual del consumo.

También cuestionó los casos en los que el agua potable se utiliza para actividades que podrían realizarse con otras fuentes, como el riego de huertas o el abastecimiento de animales.

“Todo el tiempo se hace nueva infraestructura y queda chica”, explicó al referirse a localidades donde el consumo llegó incluso a los 600 litros por habitante por día.

Prepararse para las lluvias y las inundaciones

Durante la entrevista, García también remarcó la necesidad de que Villa Carlos Paz y la provincia estén preparadas para enfrentar eventos meteorológicos extremos.

En ese marco, destacó el simulacro realizado el martes 8 en Villa Páez, aunque aclaró que este tipo de ejercicios no pueden repetirse de un día para otro porque requieren años de trabajo territorial.

Para el especialista, contar con modelos meteorológicos, infraestructura y planes de emergencia no alcanza si la población no conoce cómo actuar.

Puso como ejemplo el huracán Katrina en Estados Unidos, donde, según explicó, existían obras y un plan de emergencia, pero el sistema falló porque el esquema no había sido suficientemente practicado con la comunidad.

También mencionó recientes inundaciones en Japón para remarcar que incluso los países con tecnología y herramientas avanzadas necesitan que la población conozca los protocolos y respete las zonas de riesgo.

“No hay que trabajar solo para El Niño”

García consideró que Córdoba debe prepararse todos los años para eventos extremos y no solamente cuando aparece un fenómeno climático particular.

Recordó que las mayores inundaciones registradas en Villa Carlos Paz, como las de 1992 y 1999, no ocurrieron durante años asociados al fenómeno de El Niño.

“El Niño” puede modificar los patrones de circulación atmosférica y generar condiciones de mayor humedad, explicó, pero los eventos meteorológicos extremos pueden producirse independientemente de ese fenómeno.

Por eso, planteó la necesidad de avanzar hacia una política de Estado permanente, que involucre a municipios, Defensa Civil, bomberos, fuerzas de seguridad, universidades y organizaciones de la comunidad.

“La solución no es solamente tener los mejores modelos o la mejor infraestructura. Si no se trabaja con la comunidad, no sirve”, sostuvo.

Para García, la preparación debe construirse desde el territorio y, especialmente, desde las escuelas. Según relató, el trabajo con estudiantes permitió multiplicar la llegada de la información hacia las familias y aumentar la participación comunitaria.

La conclusión del especialista fue clara: el desafío no es solamente administrar el agua que hay hoy, sino cambiar los hábitos de consumo y preparar a la comunidad para los eventos extremos que pueden llegar en cualquier momento.

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