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Mumalá alertó por el aumento de los femicidios: el peor octubre en los últimos 5 años
Argentina atraviesa un escenario crítico en materia de violencia de género. Los registros de Mumalá encendieron una nueva señal de alarma: octubre cerró con 41 femicidios, la cifra más alta para ese mes en los últimos cinco años, y el acumulado anual ya superó los 240 casos.
A ese panorama se suman los intentos de femicidio. Según explicó Bettiana Cabrera Fasolis, referente de Mumalá en Córdoba y Argentina, al programa A la Mañana Noticias por Canal 2 de CPTV por cada asesinato consumado se registran aproximadamente tres intentos en los que existió la intención de matar a una mujer, aunque la intervención de familiares, fuerzas de seguridad o terceras personas impidió que se concretaran.
“Estamos hablando del peor octubre en cinco años. Cuando publicábamos las estadísticas del mes hablábamos de 36 femicidios, pero hoy esa cifra ya asciende a 41. Y, por supuesto, ya estamos superando los 240 en lo que va del año. Es un montón”, sostuvo durante la entrevista.
La dirigente también puso el foco en el agravamiento de la crueldad en los crímenes recientes. Mencionó los casos de la docente Nancy, en Corrientes, y el asesinato de una familia en Chaco como ejemplos de una violencia que, según describió, excede el homicidio y evidencia un ensañamiento particular contra las víctimas.
“Hay una guerra declarada contra las mujeres”
Para Cabrera Fasolis, los femicidios no pueden explicarse como hechos aislados ni atribuirse exclusivamente a la conducta de individuos considerados excepcionales. La referente de Mumalá planteó que es necesario analizar el contexto social que reproduce las relaciones desiguales y las conductas violentas.
“Hay una exacerbación de la violencia que da cuenta de lo que los juristas llaman el agravante por odio de género. Nos odian. Han declarado una guerra abierta contra las mujeres, pero también contra los niños y los adolescentes”, afirmó.
En ese sentido, cuestionó que se utilicen expresiones como “monstruos” o “animales” para describir a los femicidas, porque considera que esas caracterizaciones pueden ocultar la dimensión estructural del problema.
“Vivimos en una sociedad plenamente machista y patriarcal que educa a los varones para que sean violentos y se crean dueños de la vida y de los cuerpos de las mujeres, las niñas y los adolescentes. Los varones no nacen violentos, esta sociedad los hace violentos”, expresó.
La entrevistada remarcó que la violencia machista atraviesa distintos ámbitos y no distingue edad, ocupación ni condición social. Además, señaló que en la mayoría de los femicidios el agresor pertenece al entorno cercano de la víctima: parejas, exparejas, conocidos, familiares o personas con las que existe algún vínculo.
El reclamo por las políticas públicas y el presupuesto
Otro de los ejes de la entrevista fue el debilitamiento de las políticas de género y los dispositivos de asistencia. Cabrera Fasolis sostuvo que las condenas judiciales son necesarias, pero no alcanzan para evitar que se produzcan nuevos crímenes.
“La justicia en algún punto repara, pero no devuelve esas vidas ni esos proyectos truncos. Para nosotras, justicia es que no vuelva a ocurrir”, señaló.
La referente de Mumalá cuestionó el desmantelamiento de programas nacionales destinados a la prevención y asistencia de mujeres en situación de violencia. También advirtió que, ante la reducción de esos recursos, las provincias y los municipios deben afrontar la atención con presupuestos más limitados.
“Hablar de políticas públicas es hablar de presupuesto. No es solamente una foto o ponerse un lazo: son recursos destinados a que existan equipos interdisciplinarios, no solamente para atender a las mujeres en situación de violencia, sino también para trabajar con los varones que ya tuvieron un llamado de atención por sus actitudes violentas”, explicó.
En ese marco, consideró que medidas generales, como incrementar la presencia policial en las calles, no alcanzan para reducir los femicidios, porque las características de estos delitos requieren respuestas específicas.
Mientras que los varones suelen ser asesinados por desconocidos en situaciones de violencia callejera o enfrentamientos, las mujeres son víctimas, en gran parte de los casos, de personas de su círculo íntimo. Por eso, insistió en la necesidad de sostener dispositivos especializados y equipos de atención.
La dependencia económica
Cabrera Fasolis también advirtió que la crisis económica profundiza las dificultades de quienes intentan abandonar una relación violenta. La falta de ingresos propios, la imposibilidad de afrontar un alquiler y la responsabilidad de sostener a los hijos pueden convertirse en obstáculos determinantes.
“Una de las cosas que más atenta contra la posibilidad de salir de un vínculo violento es la dependencia económica. Muchas veces una mujer no sabe si va a llegar a fin de mes o si puede pagar un alquiler. Imagínense lo difícil que resulta decir: ‘Me voy de mi casa, me separo y empiezo de nuevo’”, planteó.
Por eso, insistió en que la prevención debe contemplar no solamente la atención inmediata ante una denuncia, sino también las condiciones materiales que permitan a las mujeres construir una salida segura.
Dónde pedir ayuda y por qué es importante denunciar
Pese al retroceso de algunos dispositivos nacionales, la referente de Mumalá llamó a las mujeres que atraviesan situaciones de violencia a buscar asistencia y realizar las denuncias correspondientes.
Explicó que, en muchos casos, la violencia comienza con agresiones psicológicas, verbales o económicas y luego puede escalar hacia la violencia física. Detectar esas primeras señales y recurrir a los organismos disponibles resulta fundamental para intervenir antes de que la situación se agrave.
En Córdoba, mencionó la posibilidad de acudir a comisarías, unidades judiciales y los Puntos Mujer distribuidos en distintas localidades. También reclamó que esos espacios cuenten con equipos interdisciplinarios completos y personal suficiente para atender a quienes necesitan ayuda.
“Tenemos que denunciar, recurrir a esos dispositivos y reclamar cuando cada vez hay menos trabajadoras disponibles. Los equipos tienen que estar completos. Esta es la única forma de prevenir y de salvar la vida de las mujeres”, sostuvo.
Sobre el cierre, Cabrera Fasolis reiteró el reclamo de las organizaciones: “Emergencia Ni Una Menos y celeridad en la Justicia”. También pidió que no se olviden los casos que todavía esperan una respuesta judicial y las familias que siguen reclamando justicia por las víctimas.
Para Mumalá, las cifras de octubre vuelven a mostrar que la respuesta no puede limitarse a condenar los crímenes una vez consumados: la prevención, la asistencia y la presencia efectiva del Estado son parte central de una política destinada a evitar nuevas muertes.